Lesiones del parto: desgarro perineal, puntos, cicatrización y señales de alarma
Después de un parto vaginal, las excoriaciones, los desgarros perineales, la episiotomía, los hematomas y otras lesiones pueden doler de manera parecida al principio. Por eso no solo importan el dolor y los puntos, sino también la profundidad, la evolución y las señales de alarma. Si en general vas mejorando, suele indicar que la herida está cicatrizando. En cambio, hay que consultar si el dolor aumenta, aparece fiebre o un olor inusual, la herida se abre o tenés dificultades para controlar gases o materia fecal.

La respuesta breve
Las lesiones del parto son frecuentes después de un parto vaginal, pero pueden ser muy distintas. Una pequeña excoriación puede arder muchísimo al orinar, mientras que un desgarro perineal profundo puede llamar muy poco la atención al principio. Por eso, la intensidad del dolor no permite saber por sí sola qué lesión tenés ni cuál es su grado.
Durante el posparto hay tres datos especialmente importantes: ¿Qué lesión te diagnosticaron? ¿Cómo la trataron? ¿En general mejorás de un día para otro? Las lesiones superficiales suelen cicatrizar sin complicaciones. Los desgarros profundos, una sutura con aspecto preocupante o los problemas de vejiga e intestino requieren un seguimiento específico. El Instituto Federal de Salud Pública de Alemania ofrece una revisión actual en alemán. familienplanung.de: lesiones causadas por el parto
Antes de seguir: tu diagnóstico importa más que cualquier foto
Lesión del parto es un término muy amplio. Para tu recuperación cambia mucho que solo se haya lesionado una pequeña zona de mucosa, que hayan tenido que suturar la musculatura perineal o que esté afectado el esfínter anal. Si es posible, antes del alta pedí que te expliquen qué lesión encontraron, cómo la repararon y qué controles recomiendan. Conviene conocer el grado exacto, si se realizó una episiotomía y las indicaciones sobre medicación, regulación del tránsito intestinal y seguimiento. Podés pedir el informe del parto o el resumen de alta.
Las fotos de internet, en cambio, sirven poco para autodiagnosticarse. La perspectiva, la hinchazón, los loquios y el material de sutura pueden hacer que una herida que cicatriza normalmente parezca alarmante; a la vez, un problema profundo puede verse normal por fuera. Si tenés dudas, una revisión breve por un profesional es más útil que pasar mucho tiempo comparándote frente al espejo.
Qué se considera una lesión del parto
Durante un parto vaginal, la piel, las mucosas, los músculos y el piso pélvico se estiran mucho. Pueden aparecer excoriaciones y desgarros en los labios vulvares o la pared vaginal. El periné, es decir, la zona entre la entrada de la vagina y el ano, puede desgarrarse o cortarse de manera intencional en una situación concreta del parto. Ese corte se llama episiotomía.
La episiotomía no se necesita de forma rutinaria ni evita en general los desgarros perineales durante un parto normal. Puede ser útil si el bebé tiene que nacer rápido o se usan una ventosa o fórceps. Para la recuperación, igual que después de un desgarro, importan sobre todo la profundidad, la sutura, el dolor y la evolución.
También se consideran lesiones del parto las acumulaciones de sangre dentro de los tejidos. Un hematoma grande puede causar presión y dolor intensos aunque desde afuera se vea poco. Son menos frecuentes las lesiones profundas que afectan el esfínter anal o la mucosa del recto. Pueden coincidir varias lesiones, por lo que la revisión inmediatamente después del parto es más confiable que mirarte por tu cuenta con un espejo.
Por qué se producen las lesiones del parto
Cuando nace la cabeza del bebé, los tejidos tienen que estirarse mucho en poco tiempo. Que lo hagan con mayor o menor facilidad no depende de un único factor. Influyen la elasticidad de los tejidos, la posición del bebé, la velocidad de la fase final, el tamaño y la orientación de la cabeza y las intervenciones obstétricas. El riesgo de un desgarro profundo puede aumentar en un parto con ventosa o fórceps, ante una distocia de hombros, una salida muy rápida o una cabeza girada en una posición desfavorable.
El primer parto vaginal y un desgarro perineal grave anterior también se tienen en cuenta al valorar el riesgo. Sin embargo, un factor de riesgo no es una predicción: muchos partos con varios factores terminan sin lesiones graves y, a veces, aparece un desgarro profundo sin una causa evidente. El equipo obstétrico puede guiar la salida de la cabeza, sostener el periné y aplicar calor cuando corresponda. Aun así, no todas las lesiones se pueden evitar, y un desgarro no significa que hayas pujado mal ni que hayas hecho algo incorrecto.
Desgarro perineal de grado 1 a 4, explicado con claridad
El grado indica qué capas de tejido están afectadas. No es una escala de dolor ni dice nada sobre si actuaste bien o mal durante el parto.
- Desgarro perineal de primer grado
- Afecta la piel y el tejido superficial. Puede arder y estar sensible, pero suele cicatrizar sin consecuencias importantes.
- Desgarro perineal de segundo grado
- También está lesionada la musculatura del periné. Por lo general se sutura para que el tejido cicatrice en su posición anatómica correcta.
- Desgarro perineal de tercer grado
- Está afectado parcial o totalmente el esfínter anal externo y, según el subtipo, también el interno. Para estas lesiones se usa la sigla OASI, del inglés obstetric anal sphincter injury, es decir, lesión obstétrica del esfínter anal.
- Desgarro perineal de cuarto grado
- La lesión atraviesa el esfínter y llega a la mucosa del recto. Los desgarros de tercer y cuarto grado necesitan reparación quirúrgica especializada y un seguimiento estructurado.
El tercer grado se subdivide: en el 3a está desgarrada menos de la mitad del esfínter externo; en el 3b, más de la mitad; y en el 3c también está afectado el esfínter interno. En casos poco frecuentes, la mucosa rectal puede estar lesionada aunque el esfínter parezca intacto. Por eso, si hay sospecha, una revisión rectal cuidadosa forma parte del diagnóstico completo.
El Royal College of Obstetricians and Gynaecologists (RCOG) explica tanto los desgarros perineales de primer y segundo grado como los desgarros graves y las lesiones OASI en su información actual para pacientes. Si no te dijeron el grado, preguntá en la consulta de seguimiento qué diagnóstico quedó registrado. No se puede reconstruir con certeza solo por las sensaciones.
Sutura perineal y puntos: qué pasa justo después del parto
No todas las lesiones pequeñas necesitan puntos. Cuando hace falta suturar, el objetivo es detener el sangrado y unir correctamente la piel, los músculos o el esfínter. Normalmente se usan puntos reabsorbibles. Las lesiones profundas se suturan por capas; un desgarro de tercer o cuarto grado suele repararse en quirófano con anestesia adecuada.
Antes de la sutura se debe revisar por completo la lesión y controlar suficientemente el dolor. Se puede reforzar una epidural ya colocada o usar otra anestesia apropiada. No tenés que soportar una reparación dolorosa: avisá con claridad si sentís dolor durante la revisión o la sutura.
Después de una lesión del esfínter anal, el plan puede incluir antibióticos, analgésicos, medicación para mantener blanda la materia fecal y, temporalmente, una sonda vesical. Antes del alta, pedí que te expliquen qué tenés que tomar, durante cuánto tiempo y con quién comunicarte si aparecen problemas de vejiga o intestino.
Que los puntos sean reabsorbibles no significa que todos desaparezcan un día específico. El material, la profundidad de la sutura y la cicatrización varían. Los nudos o extremos cortos pueden sentirse durante un tiempo y, a veces, pinchar. No tires de ellos. Si un hilo molesta mucho, la obstétrica, la consulta de ginecología o el hospital pueden comprobar que la herida esté estable y evaluar si se puede recortar.

Cómo puede sentirse una cicatrización normal
- Las primeras 24 a 48 horas
- Suelen predominar la hinchazón, la presión y el ardor de la herida. La anestesia puede ocultar las molestias al principio y el dolor puede hacerse más evidente después. Sin embargo, un dolor intenso en un solo lado o una hinchazón que crece rápidamente deben revisarse.
- La primera semana
- Sentarte, levantarte e ir al baño puede tirar de la herida; quizás sientas por primera vez los extremos de los puntos. Las molestias deberían poder controlarse con descanso y mejorar en general. Un día activo puede sentirse después, pero no debería causar un empeoramiento prolongado.
- Las semanas siguientes
- Las heridas superficiales se cierran, baja la hinchazón y los movimientos cotidianos se vuelven más fáciles. La cicatriz todavía puede sentirse dura, adormecida, picar o ser sensible al contacto. Estas sensaciones pueden variar siempre que no aparezcan nuevas señales de infección ni problemas funcionales.
- Después de una lesión profunda
- Los músculos, los nervios y el piso pélvico suelen necesitar más tiempo que la piel visible. La sensación de presión, la inseguridad al hacer esfuerzos o un cambio de sensibilidad al evacuar pueden justificar una consulta específica y fisioterapia. Que la piel esté cerrada aún no significa que la recuperación sea completa.
La cicatrización no sigue una línea perfecta. Lo importante es la tendencia durante varios días: los movimientos se vuelven más fáciles, el dolor y la hinchazón disminuyen en general y no aparecen nuevas señales de alarma. Si empeorás mucho después de haber mejorado o mantenés molestias intensas, conviene revisar la evolución.
Cuidados posparto: simples y suaves
Una herida perineal no necesita una rutina complicada. A menudo alcanza con agua limpia, la menor fricción posible y cambiar con frecuencia las toallitas posparto. Después de lavarte, secá la zona con toques suaves. Los jabones agresivos, perfumes, desinfectantes, aceites esenciales o una sucesión de remedios caseros pueden irritar más el tejido.
Normalmente podés ducharte y lavar la zona pronto con agua limpia y tibia. Que un baño de inmersión prolongado ya sea cómodo y apropiado depende de la herida, el sangrado y las indicaciones que recibiste después del parto. Si la herida está abierta o infectada, seguí el plan del equipo que te atiende.
El frío puede reducir el dolor y la hinchazón durante los primeros días. No pongas una compresa fría directamente sobre la piel: envolvela en una tela y hacé pausas. Acostarte de lado y cambiar de posición suele aliviar mejor la presión que estar sentada mucho tiempo. La ropa holgada también reduce el roce.
Tocar la herida repetidamente con los dedos, usar pomadas o desinfectantes, hacer baños de asiento o aplicar productos herbales puede irritar una herida reciente. Usalos solo si te los recomendaron de manera específica.
No tenés que aguantar el dolor. Consultá con tu obstétrica, el equipo médico o la farmacia qué analgésicos son apropiados después de tu parto y durante la lactancia. Las recomendaciones actuales en alemán de familienplanung.de sobre desgarro perineal y episiotomía resumen medidas prácticas para aliviar las molestias.
Dosificá el tiempo que pasás sentada, el movimiento y el peso que cargás
El reposo absoluto en cama no suele ser el objetivo después de una reparación sin complicaciones, pero el posparto tampoco es una prueba de resistencia. Caminar distancias cortas, levantarte despacio y moverte con suavidad favorece la circulación y la digestión. Alterná estar acostada, de pie y sentada durante períodos breves, en vez de mantener mucho tiempo una sola posición. Para salir de la cama suele ser más cómodo girarte de lado que incorporarte de frente.
Para amamantar o alimentar al bebé, acostarte de lado, sentarte reclinada y usar almohadones puede reducir la presión sobre el periné. Tener a tu bebé en brazos forma parte del día a día; otras cargas pesadas, estar mucho tiempo de pie y las caminatas largas pueden esperar al principio. No evalúes solo cómo te sentís en ese momento, sino también esa tarde y a la mañana siguiente. Más presión, más loquios o un aumento claro del dolor indican que conviene reducir la actividad.
Orinar y evacuar con menos molestias y miedo
La orina puede arder al tocar excoriaciones y mucosa recién lesionada. Dejar correr agua tibia sobre la zona genital externa mientras orinás diluye la orina alrededor de la herida y puede reducir el ardor. Si apenas podés orinar, sentís la vejiga muy llena o el ardor aumenta junto con fiebre y malestar, necesitás una evaluación médica.
No intentes forzar la salida de la orina pujando. La sensibilidad de la vejiga puede cambiar temporalmente después de la anestesia, un parto largo o una sonda. Orinar cantidades muy pequeñas pese a sentir mucha presión, no tener ganas durante muchas horas o gotear con la vejiga llena debe revisarse pronto.
Muchas personas temen que los puntos se abran con la primera evacuación. Una herida bien reparada no suele abrirse solo por evacuar. Sin embargo, la materia fecal dura y pujar con fuerza pueden doler y cargar innecesariamente la zona. Tomar suficiente agua, comer fibra, darte tiempo y apoyar los pies en un banquito puede ayudar. Después de un desgarro de tercer o cuarto grado suele indicarse además un tratamiento para mantener blanda la materia fecal. Seguí el plan del hospital en vez de probar varios productos por tu cuenta.
No reprimas durante días las ganas de evacuar por miedo, porque la materia fecal suele endurecerse. Una toallita limpia puede aportar una contrapresión suave desde afuera si te da seguridad, pero no reemplaza el tratamiento indicado. Comentá con el equipo si aparece sangre en la materia fecal, dolor rectal intenso o falta de control.
Si los puntos se abren o se infectan
Ver un pedazo de hilo no significa automáticamente que la herida esté abierta. Sin embargo, pueden aparecer problemas de cicatrización, por ejemplo, por una infección o una acumulación de sangre bajo la sutura. Las señales incluyen dolor que aumenta en lugar de disminuir, sangrado nuevo, secreción con pus, olor inusual, fiebre o bordes de la herida que se separan visiblemente.
Que una zona abierta se limpie, se trate con antibióticos, se observe o vuelva a suturarse depende de la revisión. Si hay una infección activa, no se vuelve a coser de inmediato sin más. Por eso la herida debe revisarse, en lugar de intentar pegarla, desinfectarla o cubrirla con cremas en casa. El RCOG explica con detalle las causas y el tratamiento de la apertura de una sutura perineal.
A veces aparece durante la cicatrización un exceso de tejido de granulación rojizo. Puede sangrar con facilidad o doler al tocarlo y en ocasiones se confunde con una infección. Los antibióticos no ayudan automáticamente. En una consulta pueden evaluar si alcanza con esperar o si conviene un tratamiento específico.
Hematoma, adormecimiento y síntomas fáciles de pasar por alto
Un hematoma es una acumulación de sangre dentro del tejido. Puede producir una hinchazón tensa y unilateral, presión dolorosa intensa y un rápido empeoramiento al sentarte. Un hematoma que crece rápido o causa síntomas circulatorios debe revisarse de inmediato.
El adormecimiento o una sensibilidad diferente pueden aparecer temporalmente después del estiramiento, la hinchazón y la sutura. Sin embargo, no atribuyas sin más al posparto una pérdida de sensibilidad nueva o creciente, dificultades para vaciar la vejiga o problemas para controlar gases o materia fecal. Estos datos son especialmente importantes en el seguimiento de un desgarro profundo.
Seguimiento después de un desgarro de grado 3 o 4
Si estuvo afectado el esfínter anal, no alcanza con mirar rápidamente la piel. El seguimiento debe incluir expresamente preguntas sobre dolor, ganas de evacuar, pérdida involuntaria de gases o materia fecal, sexualidad y función del piso pélvico. Según las molestias, pueden ser útiles una evaluación ginecológica o proctológica especializada y fisioterapia del piso pélvico.
Después de la operación debe haber un plan claro de antibióticos, control del dolor y regulación de la materia fecal. La consulta de seguimiento suele realizarse unas semanas después del parto, o antes si aparecen síntomas. No solo importa la cicatrización visible, sino también la función cotidiana: ¿Podés controlar gases y materia fecal? ¿Notás a tiempo las ganas de evacuar? ¿Tenés dolor, presión o miedo al ir al baño?

Los problemas de control intestinal son consecuencias médicas, no una debilidad personal. Comentá incluso cambios pequeños, como controlar peor los gases o tener muy poco tiempo para llegar al baño cuando sentís ganas. Según el RCOG, entre seis y ocho de cada diez mujeres no presentan a largo plazo estas molestias después de un desgarro de tercer o cuarto grado reparado correctamente. No es una garantía, pero muestra que una lesión grave no implica automáticamente incontinencia permanente.
Un parto difícil también puede afectarte emocionalmente. Las imágenes recurrentes, la ansiedad intensa, los problemas de sueño que no dependen del bebé o la sensación de estar siempre en alerta también merecen apoyo. El seguimiento físico y el psicológico van juntos.
Piso pélvico, cicatriz y sexo después del parto
Podés empezar a percibir con suavidad el piso pélvico poco después del parto si se siente cómodo. Sin embargo, más fuerza no siempre es la solución: mantenerlo tenso por miedo puede aumentar el dolor, la presión y las dificultades durante el sexo. Si contraer los músculos o hacer ejercicios causa más dolor, conviene una evaluación individual por fisioterapia. El artículo sobre el piso pélvico después del parto explica la diferencia entre debilidad, sobrecarga y exceso de tensión.
Para empezar, podés notar una contracción pequeña y sin dolor al exhalar y después relajarla por completo. Si tuviste una lesión OASI, un prolapso importante, incontinencia o dolor persistente, un plan individual debe tener prioridad sobre los videos generales de ejercicios.
No masajees una cicatriz reciente, abierta o infectada. Cuando todo haya cicatrizado de manera estable, una obstétrica, una profesional de ginecología o una fisioterapeuta de piso pélvico puede mostrarte si convienen el contacto suave, la movilización o la desensibilización y cómo hacerlos. El objetivo no es ablandar la cicatriz por la fuerza, sino recuperar poco a poco la movilidad y una sensación de seguridad.
No existe una fecha fija para retomar el sexo. El sangrado debería haber disminuido y la herida estar cerrada, pero, sobre todo, el contacto y el estiramiento deben sentirse seguros para vos. La lactancia puede resecar las mucosas; un lubricante adecuado puede ayudar. El dolor punzante, un nuevo sangrado o el ardor persistente son motivos para parar y consultar. Encontrá más información en Sexo después del parto.
Podés recuperar la intimidad por etapas y elegir una posición en la que controles el ritmo y la profundidad. Una herida cerrada aún puede estar sensible porque los nervios, la cicatriz y el piso pélvico necesitan más tiempo que la piel visible. El dolor persistente durante el sexo es un motivo para buscar apoyo, no una nueva normalidad que tengas que aceptar.
¿Se puede prevenir un desgarro perineal?
No existe una garantía. Tu cuerpo, la evolución del parto, la posición y el tamaño del bebé y las intervenciones obstétricas necesarias actúan en conjunto. Un desgarro profundo no aparece porque hayas respirado mal o no te hayas preparado lo suficiente.
Algunas medidas pueden influir en el riesgo o la gravedad. El RCOG menciona el masaje perineal desde aproximadamente la semana 35 del embarazo, las compresas calientes durante el período expulsivo, una salida controlada de la cabeza y la protección profesional del periné. La decisión depende de tu situación y de cómo evolucione el parto. RCOG: reducir el riesgo de desgarro perineal
El masaje perineal debe ser suave y cómodo, no una prueba dolorosa de estiramiento. Durante el parto, la persona que te atiende puede ofrecer una compresa caliente; la situación concreta determina qué es posible. La episiotomía no es una medida preventiva general contra cualquier desgarro y debe tener una indicación obstétrica.
El próximo embarazo después de un desgarro grave
Después de un desgarro de tercer o cuarto grado, podés hablar temprano sobre la planificación del próximo parto, sin esperar a estar de nuevo con contracciones. Llevá a la consulta el informe quirúrgico o del nacimiento. Importan el subtipo anterior, tus síntomas actuales, los resultados de las evaluaciones, tu experiencia y tus preferencias.
Si no tenés síntomas y la función es normal, otro parto vaginal puede ser una opción. Si tenés problemas de urgencia o continencia fecal, dolor o pruebas funcionales alteradas, se puede evaluar una cesárea programada como alternativa. La decisión es individual: un desgarro profundo anterior no obliga automáticamente a una vía de parto, pero tampoco debe ignorarse.
La planificación también incluye la parte emocional. Si viviste el parto anterior como una pérdida de control, pueden ayudarte una consulta para revisar lo sucedido, una estrategia bien documentada y apoyo psicológico. Un plan puede reducir la incertidumbre aunque ningún parto se pueda planificar por completo.
Señales de alarma: cuándo actuar
La regla más importante es observar la evolución. Si algo empeora claramente en vez de mejorar poco a poco, pedí que lo revisen.
- Comunicate pronto con un profesional
- El aumento del dolor en la sutura, enrojecimiento o hinchazón nuevos, secreción con pus o con olor inusual, fiebre, una herida que supura o se ve abierta y las dificultades persistentes para orinar requieren consultar con tu obstétrica, centro de salud, ginecología o el hospital del parto.
- Buscá atención el mismo día
- Una hinchazón dolorosa que crece rápidamente, dificultades nuevas para controlar gases o materia fecal, dolor intenso repentino o un malestar general importante no deberían esperar a la siguiente consulta programada.
- Pedí ayuda inmediata
- Un sangrado abundante, desmayo o problemas circulatorios, un empeoramiento muy rápido u otros síntomas que impliquen un peligro inmediato requieren llamar al número local de emergencias.
El NHS también señala el aumento del dolor, un olor inusual y la piel roja o hinchada como indicios importantes de una posible infección después de un desgarro o una episiotomía. NHS: episiotomía y desgarros perineales
Lista para el alta y las consultas de seguimiento
Entre el bebé, el cansancio y los trámites es fácil que se pierdan detalles. Podés anotar estas preguntas o pedirle a una persona de confianza que registre las respuestas:
- ¿Qué lesión exacta se diagnosticó, incluido el grado o subtipo?
- ¿Se suturó y hubo algo especial durante la reparación?
- ¿Qué medicamentos tengo que tomar y durante cuánto tiempo?
- ¿Necesito tratamiento para mantener blanda la materia fecal o indicaciones especiales para vaciar la vejiga?
- ¿Quién va a revisar la cicatrización y qué síntomas significan que tengo que volver al hospital ese mismo día?
- ¿Mejoran o empeoran el dolor, la hinchazón, el adormecimiento o los problemas para controlar orina, gases y materia fecal?
- Después de un desgarro profundo, ¿me van a derivar a fisioterapia de piso pélvico o a una consulta especializada?
Podés pedir que te revisen y volver a llamar al hospital después del alta. Un dolor persistente ya es motivo suficiente para examinarlo mejor. Un buen seguimiento no depende de que hayas podido retener todos los detalles durante las primeras horas de agotamiento.
Conclusión
Las lesiones del parto van desde pequeñas excoriaciones hasta desgarros perineales profundos. La mayoría cicatrizan bien si la lesión y la sutura se tratan correctamente, los tejidos reciben tiempo para recuperarse y las señales de alarma se toman en serio. No evalúes la recuperación solo por un momento puntual de dolor: considerá el diagnóstico registrado y la tendencia durante varios días.
No tenés que evaluar los puntos por tu cuenta ni soportar las molestias en silencio. Si la evolución no va en la dirección adecuada, la herida se ve preocupante o la vejiga y el intestino no funcionan como antes, una evaluación temprana es el siguiente paso razonable.




